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Una buena tensión arterial es sinónimo de salud

Tener una tensión arterial alta implica muchos riesgos para nuestro cuerpo

A nadie le sorprenderá escuchar que hoy en día uno de los problemas de salud más habituales y peligrosos que nos encontramos es tener la tensión arterial alta. Sin embargo, no todas las personas saben por qué es tan importante evitar y, en su caso, controlar la hipertensión. En ese sentido, la tensión alta ( superior a 120-129 mmHg la presión arterial sistólica y a 80-84 la diastólica) supone una mayor resistencia para el corazón, que aumenta su tamaño para poder hacer frente al sobreesfuerzo que supone, con el añadido de que ese aumento de la masa muscular no está acompañado de un incremento del riego sanguíneo, lo que puede provocar una insuficiencia coronaria y una angina de pecho. Además, la hipertensión hace que el músculo cardíaco se vuelva más irritable, siendo más propenso a arritmias y problemas de la aorta que pueden provocar la muerte. Por lo tanto, es importante saber nuestra tensión arterial y medirla de forma periódica, dado que es una enfermedad que a menudo pasa inadvertida pero que afecta a un gran número de personas a partir de los 40 años. Por ese motivo, cada vez es más recomendable tener un buen tensiómetro en casa, como los que podemos encontrar en www.mejorestensiometros.com, ya que así podremos monitorear nuestra presión sanguínea de una forma precisa, especialmente en los casos en los que en los que nos encontremos con unos valores por encima de los recomendados que hagan que tengamos que ir al médico para que nos dé un tratamiento.

Los problemas de tener la presión arterial alta

Ya hemos comentado que uno de los principales problemas de padecer hipertensión está ligado al debilitamiento general del corazón, con todo lo que ello supone. Sin embargo, nuestro corazón no es la única parte del cuerpo que se verá afectada por la hipertensión dado que también afecta a otros órganos. Por ejemplo, el cerebro es uno de los más afectados al disminuir el riego sanguíneo que recibe y que puede derivar en ictus o accidentes vasculares cerebrales. Por otro lado, la hipertensión también afecta a los riñones, no solo por la rigidez en las arterias encargadas de suministrarles la sangre necesaria sino también en lo que respecta al propio riñón que puede sufrir una insuficiencia renal que a su vez puede producir un aumento de la presión arterial. Sin olvidarnos, claro está, de los problemas que nos encontramos en las piernas por la mala circulación (que a menudo provoca dolor al caminar); en los ojos, en concreto en la retina que pueden producir problemas de visión; e incluso la hipertensión puede ser un motivo de impotencia entre los hombres.

Como podemos ver, y a pesar de que sea una enfermedad crónica del corazón, la hipertensión afecta a todo el funcionamiento global de nuestro cuerpo por lo que es importante estar concienciado al respecto y saber identificarla lo antes posible para así poderle poner remedio. En ese sentido, el diagnóstico se basa en cualquier prueba que pueda medir nuestra presión arterial, siendo el holter el más habitual, que se completará con un análisis de sangre y de orina así como con un electrocardiograma que darán a nuestro médico toda la información que necesita. Además, debemos tener en cuenta que hay gente con predisposición familiar (o genética) a la hipertensión, por lo que deberán tener especial cuidado y medirse periódicamente la tensión.

¿Cómo se mide la tensión arterial?

Por otro lado, y como ya hemos mencionado antes, uno de los problemas de la hipertensión es que apenas presenta signos visibles como suele ser habitual en otras enfermedades por lo que si no medimos nuestra tensión de forma periódica, no sabremos si estamos o no en riesgo de padecer hipertensión. En ese sentido, a la hora de medir nuestra tensión, debemos tener en cuenta una serie de recomendaciones que nos asegurarán una buena medición:

  • La presión arterial cambia a lo largo del día por lo que deberemos tomarnos la tensión siempre a la misma hora para tener un buen referente.
  • Debemos tomar la tensión en un sitio tranquilo, con una temperatura agradable (ni demasiado fría ni demasiado caliente) y evitando interrupciones. Además, deberemos estar relajados.
  • Antes de tomar la tensión, deberemos reposar cinco minutos y no deberemos fumar ni hacer deporte media hora antes.
  • Deberemos estar sentados en un sitio cómodo, con las piernas sin cruzar y sin ropa que pueda oprimir nuestro brazo.
  • En función del tensiómetro que tengamos, lo colocaremos en el brazo a unos tres centímetros por encima del codo o en la muñeca y procederemos a medir la tensión. Es importante no hablar durante la misma.
  • Finalmente, apuntaremos los valores que obtengamos para poder informar a nuestro médico ante cualquier sospecha.
 
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