Cultura | Granada

Traiciones cotidianas

La obra de Histrión teatro, en el Alhambra

José Manuel Ruiz Martínez

Foto: Rafael Simón

Traición es una obra sobre una pareja de amantes pertenecientes a la elite londinense —él es agente literario y ella galerista— que engañan a sus respectivos cónyuges siendo además, sendos matrimonios, amigos. El consiguiente juego de mentiras, descubrimientos y traiciones se desenvuelve por tanto en ese inquietante límite que separa la civilización y la cultura de la hipocresía o el cinismo. A partir de este planteamiento, Pinter indaga sobre lo que realmente le interesa: la imposibilidad de la comunicación; el radical ensimismamiento de cada uno de nosotros y cómo, paradójicamente, la más privilegiada herramienta para acceder a la verdad y al conocimiento de los otros, el lenguaje, es casi siempre el muro o la tinta de calamar con que nos aislamos y nos malentendemos, en ocasiones incluso sin pretenderlo.

La obra tiene un planteamiento sencillo. Tan solo hay tres personajes: la pareja de amantes y el marido de ella. Toda la acción, la trama, se desenvuelve gracias a la maestría de Pinter para hilar una serie de diálogos que bordean el absurdo sin terminar de caer en él: los personajes se enzarzan en conversaciones de sordos donde, de repente, frases hechas, expresiones huecas, son sometidas a examen y adquieren todo su significado, o acaban por mostrar lo que ocultan que, la mayor parte de las veces, no es sino su propia nada, la necesidad de llenar un silencio incómodo. La obra recorre la relación adúltera dando saltos en el tiempo, de forma que determinadas palabras van adquiriendo un sesgo nuevo —irónico, paradójico— conforme el espectador va atando cabos al conocer la historia, hasta culminar en un final definitivamente irónico y triste a la vez.
Para una obra en la que la protagonista indiscutible es la palabra, Histrión teatro ha adoptado una solución excelente: reducir al mínimo los elementos escénicos centrando la dramaturgia en los propios actores: con un sillón y una alfombra manipulados con gran inteligencia teatral, se van construyendo los distintos escenarios, lo que además le imprime a la obra un ritmo rápido y una sensación de provisionalidad acorde con el propio carácter efímero de las conversaciones. El planteamiento es tan convincente y la obra tan brillante, que el espectador, a pesar de todo, casi tiene la impresión de estar ante decorados realistas completos: salones de burguesía chic o habitaciones de hotel. Las interpretaciones, muy difíciles, porque, como decimos, la obra se sustenta en la palabra, son también muy buenas: resultan convincentes, incluso hacen reír cuando la obra lo requiere. Los actores se mueven por la escena con la precisión y naturalidad que requiere un planteamiento escénico reducido al mínimo, como ya se ha dicho, pero complejo en las entradas y salidas y en el movimiento de los elementos —que llevan a cabo los propios actores—para ir construyendo los distintos espacios. El resultado final es una obra rigurosa, moderna, interesante, profunda y realizada con un magnífico gusto. Por tanto, un comienzo de temporada del Teatro Alhambra inmejorable, que además demuestra que para hacer un buen trabajo, más que grandes presupuestos (aunque también ayude), lo que hace falta es talento y buen hacer.

 

Traición. Autor: Harold Pinter. Histrión teatro. Dirección: Marcelo Subioto


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