Cultura | Granada
Naturalismo y cine
Se representa en Granada una obra Premio de la Crítica de Nueva York en 1998
José Manuel Ruiz Martínez
La reina de la belleza de Leenane nos presenta las sórdidas vidas de una serie de personajes en un pueblo irlandés en el que el paro y la pobreza obligan a sus habitantes a la emigración, bien a las grandes ciudades de Inglaterra (donde les espera la violencia xenófoba) o bien a los EE.UU. En particular asistimos al desmoronamiento de la protagonista, quien está encadenada a su madre anciana, dominante y mezquina, a quien cuida y a la que odia con todas sus fuerzas.
Resulta curioso el intento del programa de mano de presentar la obra como “Teatro de la crueldad” (“uno de sus máximos exponentes”, dice). Crueldad hay en la obra, sin duda, y mucha: pero en la actitud y las acciones de los personajes, y es literal; nada que ver con el planteamiento estético de Artaud que es, de hecho, lo contrario de esta obra (el teatro como puro espectáculo, mágico, ritual, sacrificial, violento, carente de trama …); es como si decimos que un cuadro es cubista porque han pintado cubos en él. Más bien La reina de la belleza de Leenane bebe de las fuentes del Naturalismo más ortodoxo: postración, miseria, locura, odio y violencia entreverados con (y en parte explicados por) un entorno social y psicológico degradado; podríamos estar perfectamente ante la adaptación de una novela de Zola. A partir de ahí se urde una trama hiperrealista, mínima pero suficiente, muy bien trabada mediante referencias sutiles y anecdóticas a actos que luego reaparecerán y se revelarán en toda su importancia (el atizador de la lumbre como el clavo de Chéjov: si tanto se habla de él es porque va a usarse). Dicha trama se ayuda en ocasiones de algunos recursos propios del guión cinematográfico —por ejemplo, determinadas acciones que luego, al repetirse, permitirán al espectador atar cabos—, así como de algunos golpes de efecto truculentos y momentos de suspense verdaderamente de película. Todo esto hace de la obra tenga un curioso aire antiguo, pasado de moda, y estrictamente contemporáneo a la vez (es una obra de 1998). Y que, por supuesto, funcione, en el sentido de que entretiene a los espectadores y los mete en la historia.
La puesta en escena, muy cuidada, corrobora esta voluntad naturalista: se nos muestra una sórdida cocina cuidada hasta los más mínimos detalles, incluida una fotografía enmarcada de los hermanos Kennedy, que nos ubica en el tiempo y nos remite a las mitologías modestas de la Irlanda pobre que ve triunfar a sus hijos. El fogón echa humo, la radio emite canciones irlandesas, y los personajes preparan papillas y té que se comen y beben. Algunas situaciones, como la del crimen, aparecen resueltas con verdadera inteligencia teatral, jugando con el tiempo y con la luz.
Los actores están magníficos en general: su interpretación es realista y veraz, como corresponde al planteamiento estético aludido, y consiguen transmitir, por ejemplo en los distintos actos de violencia, la incomodidad al espectador; también ante alguno de sus increíbles desplantes de humor negro o estupidez provocan la risa. Es preciso destacar el trabajo de las dos protagonistas —en particular de la hija—, que asumen por completo la personalidad cruel y desgarrada de los personajes. No obstante, no termina de encajar la presencia del acento andaluz o de expresiones excesivamente castizas. Se entiende que en la traducción se debe de haber buscado reflejar la coloquialidad del texto, pero al estar todo tan claramente ubicado en Irlanda, el contraste resulta algo chocante.
En definitiva, una buena sesión de teatro de toda la vida, y de inteligente “película representada”; lástima, justo al final, la explicación innecesaria de un personaje sobre lo que está sucediendo y que el espectador, gracias a la interpretación y a la puesta en escena, estaba comprendiendo perfectamente, y que no sabemos si es achacable al autor o a la adaptación española; detalle que, en cualquier caso, no empaña el interés y la fuerza de la obra en su conjunto ni de su representación.
La reina de la belleza de Leenane.
- GL Producciones.
- Autor: Martin McDonagh.
- Adaptación: Vicky Peña.
- Dirección Álvaro Lavín
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