Sociedad
Granadinos que no paran quietos: Primera estación Milán
Arrivederci Granada
miércoles, 24/09/2008 08:57
Enviar Imprimir María Gracia López
Dos granadinas y dos milaneses. La historia de Alicia (tres años en Milán) y Delia (desde mayo), que se enamoraron de sus respectivos novios cuando ambos estaban en España por distintos motivos. Ellas sólo se habían visto una vez porque en Granada tienen conocidos en común, pero ahora comparten algo muy importante: la experiencia de vivir en el extranjero… y en la misma ciudad.
Italia, Argentina, China, Estados Unidos… Hay granadinos a los que no les asusta tomarse la cerveza sin tapa o pasear sin la silueta de la Alhambra sobre la cabeza. Pero cuando se van, echan de menos muchas cosas. Nos lo cuentan granadinos emigrados por el mundo en una serie de reportajes que iniciamos hoy.
Dos granadinas y dos milaneses. Esta es la historia de Alicia (lleva tres años en Milán) y Delia (desde mayo de este año), que se enamoraron de sus respectivos novios cuando ambos estaban en España por distintos motivos. Ellas sólo se habían visto una vez porque en Granada tienen conocidos en común, pero ahora comparten algo muy importante: la experiencia de vivir en el extranjero… y en la misma ciudad.
Alicia lo hace en un pueblecito a 20 km. de Milán, en una ciudad italiana llamada Nerviano, es asistente de dirección en una sociedad portuguesa de real estate y tarda una hora en llegar a su trabajo entre coche y metro. Es el primer problema que ambas se encontraron nada más llegar: Alicia pagaba en Milán –donde se estableció en un primer momento- 900 euros por un piso de 40 m2, y Delia vive en un apartamento en Varese no mucho más grande.
“No sabe igual, no digo que los productos italianos sean malos, pero no tienen nada que ver. Por ejemplo, aquí no comen pan, mascan chicle”
Es el día a día al que han tenido que ir acostumbrándose tanto ellas como sus respectivos bolsillos: la cesta de la compra mucho más cara, la sanidad por las nubes y eso que “los sueldos no son mucho más altos”, asegura Alicia.
Para Delia también se han acabado algunos tópicos: “No es cierto que las gastronomías italiana y española se parezcan porque sean mediterráneas, resulta casi imposible encontrar un producto idéntico a los que consumimos en España en un supermercado”. Y si da con alguno “no sabe igual, no digo que los productos italianos sean malos, pero no tienen nada que ver”. Por ejemplo, “aquí no comen pan, mascan chicle”. Esta granadina licenciada en Bellas Artes y que ha trabajado como diseñadora gráfica no encuentra los ingredientes para hacer unas simples lentejas: “Hueso de jamón ¿eso qué es?, ¿tocino añejo?... impensable, ¿codillo? eso cómo se llama...”
“Al principio, parecía que en España hacíamos todo mejor”
Es la sensación de añoranza de todo emigrante que deja todo atrás, a pesar de que, como Delia, conociera muy bien Italia y hablara su idioma desde hacía unos años. A Alicia le parecía al principio que en España “todo era mejor”, pero se fue habituando y ahora “le aconsejo a todo el mundo la experiencia de vivir en el extranjero”. Tal vez en su adaptación influyó haber tenido “mucha suerte” con la gente que ha conocido.
Eso sí, se ha encontrado con la agradable sorpresa de que “España está de moda, parece que sea la panacea, hablan siempre bien de nosotros, como de un país moderno y a la vanguardia. Tienen muy buena opinión de Zapatero (al menos aquí en el norte)”, asegura.
El idioma, uno de los principales baches que hay que sortear, no es tan llevadero: “El italiano es fácil para ir de turista y preguntar dónde puedes ir a comer una pizza”, asegura Alicia, pero otra cosa es, y en eso coincide con Delia, escuchar una conversación coloquial entre dos italianos, porque “si no conoces el idioma, no te enteras de nada”. Y eso sin contar con los dialectos.
Mucho trabajo como diseñadora gráfica y “grandes agencias”. Delia está de suerte, sabe que está en una ciudad que le va a brindar grandes oportunidades para su vida laboral. Alicia también está tranquila en ese sentido: “Un trabajo como el de secretaria o asistente que en España según en qué sitios aún está mal visto o la tratan como si fuera la última de la fila, aquí está mejor considerado. Yo me siento parte de un equipo”.
Licenciada en Traductores y con una master en diseño gráfico en Barcelona, Alicia tiene dos grandes pasiones –la fotografía y la cocina- a los que ve en Milán posibilidades de futuro. De ambas aficiones habla en sus dos blogs –uno en español y otro en italiano-: amiloquemegustaescocinar , y erborina in cucina – http://erborina.blogspot.com.
No están solas en el mundo. Alicia ha notado que desde hace unos años hay más españoles en Milán, ya que “los tour-operadores incluyen la ciudad en sus itinerarios y vienen también por las ferias”. Además, aunque aún no se ha topado con ningún compatriota “sé que hay muchos de Granada o Andalucía porque cuando cojo el avión de Ryanair está lleno de chicas españolas con novios italianos”, comenta.
Berlusconi, un tema tabú
Ya lo dijo el escritor Umberto Eco en su visita a Granada la pasada primavera: “Si Berlusconi gana las elecciones, Italia tendrá lo que se merece”. Ambas corroboran esta afirmación: “Berlusconi es una conversación casi tabú. La gente está descontenta del resultado pero creen que no tenían más alternativa, no le convencía la oposición –explica Delia-, pero prefieren no hablar de ellos, se sienten mal, piensan que tienen lo que se merecen además de una imagen de cara al resto del mundo pésima”.
De esa “desconfianza” en la política también se había dado cuenta Alicia, quien señala otros temas de conversación entre italianos a la hora del capuchino: la mafia y los problemas del sur, así como la crisis económica, “cuando les hablas de eso dicen que quieren ir a España porque allí (aquí, en nuestro país) sí que se vive bien”.
¿Españoles = italianos?
“Son trabajadores, divertidos, alegres y nada fashion victims como normalmente los vemos desde fuera”, dice Alicia de los italianos. “Están muy orgullosos de su tierra y de las cosas que producen con su trabajo, ya sean coches, productos artesanales, gastronómicos o enológicos”, añade.
La sorpresa se la llevó con las mujeres: “Al principio me llamaba mucho la atención su carácter duro -no de todas, claro- pero son muy directas y se comportan como si tuvieran que defender un territorio. No lo digo sólo por los hombres sino también en el trabajo, como si tuvieran que demostrar que valen y que son independientes”.
Pero en general, aunque “pueda parecer que nos parecemos, hay una gran diferencia de caracteres”, asegura Alicia. Ella lo ve en “la forma de acercarse a los demás, de relacionarse con otras personas”.
Delia advierte antes de describir a sus anfitriones que “estamos en el Norte”, de ahí que es más fácil comprender que entre semana la ciudad “está desierta, y si caen cuatro gotas de agua nadie sale, viven de otro modo, más de puertas de casa para adentro”. Pero cuando salen a divertirse, aprovechan: “Beben mucho, pensaba que nosotros bebíamos más, ¡pero que va! Lo malo es que les encantan los cocktels raros que pueden ser una bomba... Son muy aficionados al vino y no saben nada de los caldos españoles, incluso algunos creen que nosotros no tenemos buenos vinos, que sólo los encuentran en Francia”, comenta.
Grandes aficionados al fútbol, los italianos que vivieron con estas dos granadinas la Eurocopa no se esperaban la victoria española en la tanda de penaltis, pero sí cuando la selección se alzó con la copa y ellos habían sido “derrotados por los campeones de Europa”. Cuestión de orgullo. Delia se atrevió a preparar una cena a la española para ver el España-Italia: “Ellos tan contentos porque estaban seguros de que iban a ganar, de poder meterse conmigo durante meses, y se llevaron una gran sorpresa... Acabó el partido y todos guardaban silencio, tardaron un par de minutos en reaccionar y darme la enhorabuena. Sin embargo, luego fueron super deportivos y reconocieron que este año España se merecía ganar”.
Suspiros de Granada: las cañas, la calle, el ambiente…
Delia suspira por la comida –demasiada pasta para su estómago- y el ambiente y la costumbre granadina de disfrutar de la calle. No le dará tiempo de añorar demasiado estas costumbres, porque las vacaciones, “sean cuales sean, las pasaremos en Granada. Mi novio está de acuerdo: se lo pasa mejor”.
“La familia -estar tan lejos es muy duro-, las calles, la ciudad donde nací, las cañas y las tapas, el poder darme un paseo por la ciudad (se puede llegar andando a todos lados), la Sierra, la Alhambra y el Paseo de los Tristes”... Lo que Alicia echa de menos es disfrutar Granada, pero “definitivamente no sé si volveré, y si vuelvo no sé si será a Granada o a otra ciudad”.










